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Hugo Chávez: El pueblo en el corazón y la espada de Simón Bolívar en la mano

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El líder bolivariano transformó significativamente su país y su legado sigue presente en Venezuela y en otros países del Sur Global.
Hugo Chávez: El pueblo en el corazón y la espada de Simón Bolívar en la mano

Hugo Chávez es una figura hoy globalmente reconocida. Nacido en Sabaneta, un poblado en el estado Barinas, en el piedemonte andino venezolano, un 28 de julio de 1954, partió en dos la historia contemporánea de su país y más allá, pues desenterró el ideario socialista, al que muchos habían dado por muerto tras la caída del muro de Berlín y el colapso de la Unión Soviética.

De joven quiso ser jugador profesional de béisbol, pero una lesión le truncó ese sueño. En su lugar, apostó por mudarse de la provincia a Caracas, la capital, y cursar estudios en la Academia Militar de Venezuela, de donde egresó como subteniente el 5 de julio de 1976. Allí destacó por sus dotes académicas, su verbo encendido y su liderazgo, sustentado en un carisma al que pocos se resistirían y que no dejaba indiferente a nadie, como hubo de comprobar el mundo entero décadas más tarde.

Estudioso de la historia de Venezuela, llegó a conocer con erudición el pensamiento del Libertador Simón Bolívar, la máxima figura de ese país suramericano, así como la de otros personajes a quienes el relato oficial había borrado o reducido a roles marginales, como el revolucionario Ezequiel Zamora, líder popular de la Guerra Federal, el último gran conflicto interno venezolano (1859-1863) o el prócer Francisco de Miranda, precursor de la independencia latinoamericana, partícipe de la Revolución francesa y combatiente en la Guerra de Independencia estadounidense.

Hijo de dos humildes maestros y criado por una abuela que hacía dulces que él mismo vendía en las calles, Hugo Chávez desarrolló una sensibilidad hacia los más desposeídos. Ya en Caracas y dentro de las esferas militares, vio con toda crudeza el tamaño de las desigualdades de entonces: mientras una casta política y sus aliados dentro del poder económico saqueaban los recursos públicos y vivían en la opulencia, millones de sus compatriotas estaban condenados a la miseria y a diversas formas de exclusión.

Del juramento al "por ahora"

Guiado por el ideal de Simón Bolívar, el 17 de diciembre de 1982, en el aniversario luctuoso de Bolívar y en vísperas del bicentenario de su nacimiento, Chávez fundó junto a otros compañeros de armas el Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 (MBR-200), con el cual pretendía ofrecer una salida cívico-militar desde la izquierda que subvirtiera el orden establecido desde 1958, cuyos signos de crisis se hicieron inocultables durante toda la década de 1980.

Entonces, en émulo del juramento de Simón Bolívar en el Monte Sacro, realizado en 1805, el líder revolucionario juró junto a sus camaradas que no descansaría hasta conseguir la libertad del pueblo venezolano, oprimido, a su juicio, por la oligarquía local, más interesada en mirar hacia EE.UU. que hacia su propio país.

En los años siguientes, cuadros civiles y militares se sumaron al MBR-200 en un lento pero permanente proceso de acumulación de fuerzas. El 4 de febrero de 1992, Chávez hizo su aparición en la palestra pública. Frente a los medios de comunicación, se declaró líder de una insurrección que pretendía deponer y apresar al entonces presidente venezolano, Carlos Andrés Pérez, y llamar a un proceso constituyente para la refundación de la República.

Su conducta contrastó con la que exhibía la clase política de la época: asumió la responsabilidad por lo sucedido y le pidió a sus compañeros que depusieran las armas "para evitar más derramamiento de sangre", con lo que dejó claro que le importaba más la gente que el ejercicio del poder. También pronunció una frase que le daría la vuelta al orbe: "Lamentablemente, por ahora, los objetivos que nos planteamos no fueron logrados".

Ese "por ahora", se transformó en una posibilidad de cambio a mediano plazo, particularmente en el seno de los sectores populares, la militancia de izquierda del momento y los intelectuales progresistas, que vieron en el joven militar la oportunidad de apostar por un país más volcado hacia las necesidades de la mayoría empobrecida y definitivamente a contravía del neoliberalismo que para entonces reinaba en la región.

"Volvió, volvió, volvió"

Aunque Chávez fue encarcelado y condenado a 27 años de cárcel, el presidente Rafael Caldera (1994-1999), un experimentado político socialcristiano que ya había ejercido la primera magistratura a inicios de la década de 1970, comprendió rápidamente que lo mejor era indultar a los insurrectos, que ya gozaban de un visible respaldo popular.

Una vez puesto en libertad, el "comandante", como empezó a ser conocido en público, recorrió extensamente toda Venezuela, sin apenas recurso o logística para ello. El objetivo era construir una candidatura viable para los comicios de 1998, en los que acabó imponiéndose de forma categórica, con el 56,2 % de los sufragios.

Si bien su agenda de gobierno contemplaba fundamentalmente la sanción de una nueva Constitución y la refundación institucional del país, así como un programa de reformas coherente con políticas socialdemócratas de izquierda, desde ese momento, Chávez empezó a ser percibido por EE.UU. y sus aliados como una amenaza, dada su cercanía con el líder revolucionario cubano, Fidel Castro.

En los años siguientes, su relación con Castro no hizo más que estrecharse y, tras la aprobación de la nueva carta magna en un referéndum y su ratificación como mandatario, en Washington decidieron que las reformas atentaban directamente contra sus intereses. Chávez, poseedor de una oratoria a veces pugnaz, criticó abiertamente las invasiones estadounidenses en Irak y Afganistán. Fue la gota que colmó el vaso.

En abril de 2002 fue derrocado por fuerzas militares internas con el conocimiento y respaldo de EE.UU. Para sorpresa de todos, regresó a su posición 47 horas después de haber sido depuesto y apresado. Una inédita alianza cívico-militar lo hizo posible. Al regresar al Palacio de Miraflores tras su breve cautiverio, una multitud lo esperaba con el grito: "Volvió, volvió, volvió. Chávez volvió".

Líder inmarcesible

Tras el golpe de Estado, Chávez optó por no retroceder ni plegarse a la agenda estadounidense, pese a que hubo otros intentos de sacarle por la fuerza, como un paro de la industria petrolera local entre diciembre de 2002 y febrero de 2003.

Antes bien: su discurso se radicalizó y emprendió una gestión focalizada en atender las largamente postergadas necesidades sanitarias, educativas, laborales y de infraestructura de la población por medio de los recursos de la renta petrolera con un incuestionable éxito, al punto de ser reconocido en el seno de las Naciones Unidas por su lucha contra la pobreza y la desigualdad.

Durante la década de 2000, en alianza creciente con otros líderes progresistas latinoamericanos como Fidel Castro, Luiz Inácio Lula da Silva, Néstor Kirchner, Rafael Correa, Evo Morales, Fernando Lugo, Manuel Zelaya, Tabaré Vásquez, Cristina Fernández y José 'Pepe' Mujica, Chávez impulsó mecanismos de integración regional como la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), Petrocaribe y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac).

De conformidad con la doctrina bolivariana, defendió la integración regional como único mecanismo eficaz para hacerle frente al imperialismo estadounidense y abogó por la existencia de entidades multilaterales no controladas por la Casa Blanca, lo que se tradujo en el debilitamiento momentáneo de la Organización de Estados Americanos (OEA) y de la influencia de Washington en la región.

Asimismo, fue un abierto crítico de la política de apartheid implementada por Israel contra la población palestina, así como del cerco y bombardeos israelíes contra la Franja de Gaza. Adicionalmente, proveyó de combustible gratuito a residentes pobres de Nueva York y suscribió acuerdos de venta de crudo en condiciones favorables para naciones del Caribe insular.

No obstante, en 2011, el líder bolivariano, reconocido como líder de los pueblos del sur y referente para todos aquellos que aspiran a un mundo mejor, anunció que tenía cáncer. Se sometió a numerosos tratamientos en La Habana para tratar la dolencia y se embarcó en la campaña presidencial de 2012, en la que acabó venciendo nuevamente. 

En diciembre de 2012, el mandatario informó que su mal había regresado e instruyó a sus seguidores que, en caso de que se presentara "una situación sobrevenida" que le impidiera cumplir con sus funciones, apoyaran a Nicolás Maduro, actual presidente del país, secuestrado por EE.UU. junto a su esposa, Cilia Flores, el pasado 3 de enero.

La muerte alcanzó a Hugo Chávez el 5 de marzo de 2013 en Caracas. Sus restos mortales fueron acompañados por una multitud hasta su alma mater, donde recibió honores funerarios durante varios días. De allí fueron trasladados al Cuartel de la Montaña, un antiguo fuerte militar ubicado en la populosa parroquia caraqueña 23 de enero, donde hoy funciona un mausoleo en su honor.

A más de una década de su partida, su legado sigue modelando la política local. Una encuesta divulgada en 2023 recogió que su valoración positiva se ubicaba en 56 %. Sin estar entre los vivos, sigue siendo el líder más popular de Venezuela.

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