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Cuba da 'lecciones' a los países ricos en educación, salud y alimentación

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Un modelo basado en la gratuidad, la universalidad y el acceso adecuado a escuelas, servicios sanitarios y alimentos nutritivos, está detrás de ese asombroso desempeño.
Cuba da 'lecciones' a los países ricos en educación, salud y alimentación

Acceso a la salud, a la educación y a los alimentos. Son tres de las dimensiones básicas que permiten evaluar la calidad de vida de los ciudadanos de un país, así como la eficacia de las políticas redistributivas de las riquezas de las naciones por parte de los gobiernos.

Una noción de sentido común lleva a pensar que se precisan muchos recursos económicos para exhibir indicadores envidiables en esas materias, pero Cuba, sometida a un feroz bloqueo económico desde hace más de seis décadas por parte de EE.UU., desafía esa lógica y demuestra que es posible poner a los ciudadanos primero, aun en medio de aciagas y complejas circunstancias.

A este respecto, la evidencia aportada por entidades internacionales como la Organización Mundial de la Salud, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) y el Banco Mundial es irrefutable: la isla mantiene indicadores sociales comparables o superiores a los de su verdugo y al promedio de otros países de ingresos altos.

Cifras que hablan

De acuerdo con el Instituto de Estadística de la Unesco, para 2021 –último dato disponible– la tasa de alfabetización de adultos puntuó 99,67 %, mientras que en EE.UU., si bien la alfabetización formal se eleva a 99 %, el alfabetismo funcional, entendido como la capacidad de una persona para comprender textos de la cotidianidad, desciende a 79 %, según un estudio realizado por el Centro Nacional de Estadísticas Educativas del país norteamericano en 2019.

Todavía más: cerca de la mitad de los adultos tiene un dominio de su lengua materna propia de un niño de sexto grado de primaria.

Con respecto a la salud, además de contrastar los modelos –público, gratuito y universal en Cuba versus privatizado y pago en EE.UU.–, también se observan brechas en los indicadores de salud que reflejan condiciones de vida y el descenso del número de muertes por causas prevenibles en niños. Así, la mortalidad infantil en el país caribeño se ha ubicado desde hace más de dos décadas por debajo de siete por cada 1.000 nacimientos vivos, inferior a la tasa estimada en EE.UU. durante el mismo período.

Para 2023, se registraron 35 decesos de madres por cada 100.000 nacimientos tras un pico atribuible a la pandemia de covid-19 y en el contexto de una tendencia consistente a la disminución, según datos del Banco Mundial. En EE.UU., si bien el valor para la mortalidad materna durante las últimas cuatro décadas ha sido más bajo (entre 17 y 22 por cada 100.000 nacimientos) que en Cuba, se ha ido incrementando consistentemente durante los últimos años.

Esta último dato es relevante porque, al tratarse de un país de altos ingresos, revela lo que los índices económicos no pueden hacer: el deterioro en las condiciones de vida de la población y la insuficiencia de las políticas sociales vigentes para garantizar el acceso a la salud, considerado un derecho humano desde hace décadas.

Asimismo, a la fecha –y pese al endurecimiento del bloqueo estadounidense–, un cubano tiene una esperanza de vida al nacer de 78 años, valor muy próximo a los 80 años, promedio de las naciones de altos ingresos que hacen parte de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

Finalmente, en lo que compete al acceso a los alimentos, la nación antillana también es paradigma desde hace décadas. En Cuba, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) estima la malnutrición crónica por déficit por debajo del 2,5% %, un valor semejante al de EE.UU. y significativamente inferior al promedio regional.

Además, está fuera de cuestión que la inseguridad alimentaria y el retroceso en algunos indicadores como el bajo peso al nacer del último, son una consecuencia directa del bloqueo estadounidense, visto que compromete el acceso adecuado y estable a alimentos y medicinas.

Actualmente, la isla atraviesa momentos difíciles derivados de una combinación entre la aplicación estricta de la Ley Helms-Burton y un veto total a los combustibles decretado desde diciembre pasado por el presidente estadounidense, Donald Trump. Pese a ello, Cuba se niega a retroceder en lo que, más allá de cualquier duda razonable, le permitió a sus ciudadanos disfrutar de derechos sociales y de un Estado de bienestar que aún hoy es una quimera en buena parte del mundo.

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