La estrategia de cerco impulsada por el líder indígena aimara Julián Apaza Nina, más conocido como Túpac Katari, en el siglo XVIII para cerrar el paso a la ciudad de La Paz y conseguir la derrota de los colonizadores españoles, sigue siendo utilizada con fines políticos por distintos grupos en Bolivia para generar presión y lograr la renuncia de sus autoridades.
Este tipo de bloqueos, que juntos conforman la llamada 'Estrategia de las mil encrucijadas', se materializan con el cierre de importantes vías de comunicación, rutas troncales a través de obstáculos como piedras, basura, escombros y manifestantes. La finalidad es cortar la comunicación con importantes capitales como La Paz, El Alto y Cochabamba.
Tal como lo hizo Túpac Katari, la principal apuesta es aislar a las ciudades. Esta maniobra causa efectos negativos tanto en el Gobierno como en la población, puesto que se restringe el acceso total, por lo que los habitantes no pueden movilizarse ni pueden ingresar productos básicos que se transportan por vía terrestre.
Más allá de la afectación sobre el comercio y la economía local, existe un impacto en la industria y las exportaciones. Las pérdidas registradas, según la Cámara Nacional de Industrias (CNI), ascienden a 600 millones de dólares, refiere El Deber.
Asimismo, corre peligro el abastecimiento de productos esenciales como alimentos y medicamentos, además de los puestos de trabajo de quienes pertenecen a las empresas que cesaron operaciones.
La huella de los bloqueos
El actual conflicto en el país andino es de una complejidad que obedece a varios factores y que no puede analizarse de manera simplista, conforme al analista del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico, Boris Acosta Reyes.
En su punto de vista, el conflicto social actual no se limita a la "mala gestión gubernamental", a la presencia de opositores en el aparato estatal, a "vándalos disfrazados" o a "lineamientos emitidos por el expresidente Evo Morales".
Y es que las actuales protestas antigubernamentales y bloqueos que desde hace semanas sacuden a Bolivia han sido detonadas por una mezcla de escándalos de narcotráfico, venta de combustible de mala calidad y propuestas de leyes impopulares.
Para Acosta Reyes, las declaraciones y acciones presidenciales han causado en la población "una sensación de improvisación en el tratamiento de los temas vitales del país" que han servido de marco para que se radicalicen las protestas impulsadas por movimientos, sindicatos y agrupaciones campesinas e indígenas.
Esta combinación de elementos altamente inflamables ha abonado el camino para que la situación haya llegado a un "punto crítico con enfrentamientos violentos, heridos y detenidos". Ante la represión policial, la protesta se ha radicalizado y los manifestantes también han respondido a los ataques con "explosivos caseros, piedras y ataques contra trabajadores de la prensa".
"Volveré hecho millones"
Al mirar al origen de estas medidas de presión para deponer gobernantes, se debe ir hasta 1781, cuando Túpac Katari lideró la sublevación de las provincias vecinas a La Paz. En respuesta, las autoridades coloniales arreciaron la cacería de indígenas con el fin de sofocar el movimiento emancipador, refiere Rascacielos.
En medio de la matanza, Túpac Katari y su esposa, Bartolina Sisa, iniciaron el cerco a La Paz, que se extendió por 109 días, y que impidió el acceso a la ciudad. Las tropas bajo la orden del líder aimara, compuestas por unas 40.000 personas entre hombres y mujeres, se proponían sitiar la ciudad hasta acabar con el régimen colonial.
Este primer cerco fue roto por el líder indígena para evitar que el pueblo fuera masacrado por los realistas, en medio de la desesperación y el caos. Sin embargo, meses después, en agosto, se inició otro bloqueo a la ciudad que duró 64 días y que causó hambruna en la población. Este sitio culminó con el triunfo de las tropas españolas y la captura y brutal ejecución de Túpac Katari.
Túpac Katari fue desmembrado tras atar sus extremidades a cuatro caballos que iban en distintas direcciones. Antes de ser salvajemente asesinado, habría dicho en aimara: "Yo moriré, pero volveré y seré millones". Esta frase fue el germen para las posteriores luchas indígenas por la reivindicación de sus derechos.
Otros cercos, otro siglo
Esta medida de fuerza también se aplicó en 2003, cuando manifestantes y organizaciones sociales bloquearon el acceso a La Paz y a El Alto para exigir la renuncia del entonces presidente Gonzalo Sánchez de Lozada (2002-2003) por su proyecto de exportación de gas a EE.UU.
En esa oportunidad, el Gobierno militarizó la ciudad de Senkata, en El Alto, y la represión militar causó la muerte de por lo menos 60 personas, dejando además 400 heridos, en un hecho conocido como 'La masacre de Octubre', recoge la Cancillería Boliviana.
Dos años después, en 2005, un nuevo bloqueo en un clima de protestas causó la dimisión de otro mandatario. Se trata de Carlos Mesa (2003-2005), que también salió del poder ante la presión popular y la ingobernabilidad causada por las medidas de fuerza.