Aunque Irán no salió indemne de la agresión conjunta de EE.UU. e Israel, sí consiguió algo políticamente decisivo: no fue quebrado, mantuvo su capacidad de respuesta y obligó a sus rivales a buscar una salida, lo que convierte a Teherán, en opinión del presidente del Centro de Estudios de Oriente Medio de Moscú, Murad Sadygzade, en el "verdadero ganador" de esta fase del conflicto.
En un artículo para RT, el politólogo escribe que la República Islámica "absorbió el golpe, respondió con fuerza, rechazó la capitulación" y "logró alterar la lógica misma de una guerra que le fue impuesta". Mientras EE.UU. e Israel esperaban fijar las reglas del conflicto y presentar cualquier retroceso iraní como prueba de su superioridad, ocurrió lo contrario: Irán no solo rechazó las condiciones impuestas desde el exterior, sino que elevó el costo de la confrontación hasta convertir la campaña militar en una carga política para el propio Washington, explica.
"Este hecho se percibe cada vez más como una señal de que, incluso en condiciones de abrumadora superioridad tecnológica y militar, EE.UU. ya no puede convertir automáticamente una campaña de ataques en la sumisión de su adversario", agrega el analista.
En este sentido, Sadygzade resalta que "Irán no es invulnerable, pero ha demostrado ser extremadamente difícil de quebrar". "Su liderazgo se mantuvo en su sitio, el sistema estatal no se desintegró, su capacidad de represalia no se redujo a la irrelevancia y, por todos los indicios, su influencia sobre el entorno estratégico alrededor del golfo Pérsico y del estrecho de Ormuz permaneció intacta", destaca.
Apuntando a la supervivencia política de Trump
Por eso, "el giro abrupto" del presidente de EE.UU., Donald Trump, al anunciar un alto el fuego justo antes de expirar su propio ultimátum se parece menos al gesto seguro de un vencedor que a la "maniobra forzada de un líder que buscaba urgentemente una salida de una configuración cada vez más peligrosa": incertidumbre militar, inquietud entre sus aliados, nerviosismo en los mercados, alza del petróleo, peligro de ataques contra bases e instalaciones estadounidenses en la región, nuevas bajas y un creciente costo político interno.

Para Trump, una guerra larga con Irán podía convertirse rápidamente en una prueba de supervivencia política, afirma el autor: "Para un presidente decidido a parecer fuerte y eficaz, hay pocos desenlaces más peligrosos que ser visto como el líder que arrastró al país a otra guerra sin ningún camino claro hacia un resultado estratégico".
El politólogo explica que dentro de EE.UU. un escenario así podría provocar acusaciones de imprudencia, pérdida de control y "transformación de la fanfarronería teatral en un costoso callejón sin salida".
"Esto, con toda probabilidad, fue una de las razones centrales por las que la Casa Blanca se vio obligada a pasar de la retórica maximalista al alto el fuego", un paso que Washington intenta presentar como la base de una futura desescalada y como prueba de que la presión volvió a abrir espacio para la diplomacia, valora el experto.
Un Irán "inquebrantable"
No obstante, "los arquitectos de la campaña" contra Teherán no lograron que la República Islámica colapsara: "Por el contrario, respondió no solo militarmente, sino también en el plano político y psicológico". La agresión externa fortaleció la cohesión interna, impulsó una amplia movilización y afianzó la idea de que estaba en juego la supervivencia del país.

"Esta es una de las razones más importantes por las que Irán aparece ahora, a ojos de muchos observadores externos, como el ganador de la fase actual", indica el analista. En ese sentido, EE.UU. e Israel lograron "lo contrario de lo que quizá pretendían": a pesar de las pérdidas iraníes y el riesgo de una nueva escalada, políticamente Teherán salió reforzado de la guerra, subraya el politólogo.
"En política internacional no importa solo quién sufrió más destrucción, sino quién no pudo ser doblegado: Irán no ha sido reducido a un objeto pasivo de la voluntad ajena, sino, al contrario, ha logrado tomar la iniciativa política", destaca.
Asimismo, Sadygzade recalca que "si una parte inicia una guerra esperando forzar la capitulación de la otra y termina recurriendo a la mediación y negociando los términos del diálogo, entonces su diseño original ya ha fracasado".
Por eso, el alto el fuego actual no se percibe como "un triunfo del poderío estadounidense, sino como una prueba de sus límites", mientras que el mundo pudo ver que Irán, aunque "gravemente herido", sigue siendo "muy difícil de quebrar". "Y esa, hoy, es la razón principal por la que parece el verdadero ganador", concluye el politólogo.
EE.UU. anuncia bloqueo naval a Irán y Teherán advierte de un "remolino mortal" (MINUTO A MINUTO)



