Los negocios en Estados Unidos ya no se definen por la competencia sectorial, sino por la escatología —la expectativa del fin del mundo—, afirmó el miércoles The Economist.
Según la columna del medio, los gigantes tecnológicos utilizan abiertamente una retórica apocalíptica para atraer capital. Elon Musk se prepara para sacar a bolsa su compañía espacial estadounidense SpaceX, cuya misión declarada es evitar las amenazas existenciales para la humanidad estableciendo una colonia en Marte.
En la misma línea, la firma tecnológica Anthropic presentó documentos para una oferta pública, y su director Dario Amodei ha hablado mucho sobre el potencial destructivo del modelo Mythos, desarrollado por su empresa. La compañía de inteligencia artificial OpenAI, por su parte, publicó "un plan utópico para el contrato social después de (o, más bien, bajo) la IA".
Wall Street piensa cada vez más en términos de catástrofes pasadas. "Las fechas de calamidades anteriores adquieren un significado casi supersticioso", señala el artículo, agregando que los operadores especulan si el mercado repetirá situaciones de 1999, 2000, 1987 o 2008. Mientras, las criptomonedas se describen como "una empresa intrínsecamente apocalíptica", que promete protección contra el Estado y la inflación.
La paradoja, según la publicación, es que el miedo no reduce, sino que eleva las valoraciones. "Si las cosas son tan terribles, ¿por qué las acciones estadounidenses son tan caras?", pregunta el autor. "Las empresas están recaudando capital en proporción a la intensidad de su visión apocalíptica, y se apresuran a hacerlo antes del inminente colapso del mercado que muchas de ellas esperan", añade.
De tal modo, la economía se vuelve "milenarista", es decir, impregnada de la expectativa de un momento decisivo y transformador que cambiará radicalmente el orden existente. Por ejemplo, Elon Musk, en su correspondencia con Sam Altman cuando discutían sobre la gobernanza de Open AI , afirmó que "el destino de la civilización está en juego".
"No hay argumento más fuerte"
"En el pasado, la aparición de cometas solía anunciar el fin del mundo. Hoy en día, un sitio web rastrea los jets privados de los superricos, supuestamente porque huirían a un lugar seguro en caso de catástrofe", apunta el columnista.
"Es posible que un país se preocupe hasta volverse irrelevante. Pero Estados Unidos es un experimento de enriquecerse aterrorizándose a sí mismo. Las predicciones de un cambio total e irreversible ciertamente tienen su utilidad: no hay argumento más fuerte para los inversores que afirmar que tu negocio cambiará el mundo tal como lo conocemos", continúa.
Para el autor, el verdadero peligro no es otro colapso financiero, sino una revolución social como la Revolución francesa de 1789. "Una economía que combina una desconfianza generalizada hacia las empresas con un creciente milenarismo de las élites también es explosiva. Quizás el peligro no sea 2008, 1999, 1973 o incluso 1873, sino 1789", concluye.



