Cómo la guerra con Irán remoldea el tablero geopolítico

Estados Unidos e Israel saldrán más debilitados en los próximos años por causa de su ofensiva contra Irán, opinan varios analistas.

La firma del memorando de entendimiento entre Estados Unidos e Irán, presentado por la Casa Blanca como un paso para frenar la escalada, supuso la semana pasada una concesión sustancial de Washington a cambio de compromisos todavía vagos por parte de Teherán, sostiene un columnista de Foreign Policy.

En su artículo, Michael Hirsh califica el acuerdo como "un documento de rendición" por parte de EE.UU. y define toda la ofensiva militar contra Irán, desatada por Donald Trump y el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu, como un "desastre geopolítico" que "ha hecho mucho más que dilapidar la posición dominante en la que se encontraban ambas naciones hace apenas tres meses y medio".

Según Hirsh, la agresión no provocada contra Irán no solo no logró sus objetivos, sino que aceleró un reequilibrio de poder global que va a dejar a EE.UU. e Israel "relativamente más débiles en los meses y años venideros". La guerra, sostiene el autor, agotó gravemente el suministro crítico de armas estadounidenses y dañó la credibilidad del país, con efectos que podrían sentirse más allá de la región, incluyendo Europa y el Indo-Pacífico.

En el marco del memorando de entendimiento, a cambio de la reapertura del estrecho de Ormuz, crítico para el comercio energético mundial, Irán obtiene concesiones económicas que antes parecían "impensables": posibles liberaciones de fondos congelados y exenciones para exportar crudo y derivados, además de facilidades para utilizar servicios asociados como transacciones bancarias, seguros y transporte.

Consecuencias duraderas

En ese contexto, Kurt Campbell, quien fue subsecretario de Estado de Joe Biden, indicó a The Telegraph que el conflicto entre EE.UU. e Irán tendrá consecuencias "duraderas", que se manifestarán de maneras "previsibles e imprevisibles", transformando la economía global y las relaciones de Washington con aliados, socios y adversarios por igual. "Afectará a las empresas, a los consumidores y a la geopolítica", añadió.

"Es evidente que algunos países saldrán fortalecidos de esta situación, y China probablemente sea uno de los primeros. Es probable que, discretamente, muchos países vuelvan a cuestionar el enfoque estratégico de Estados Unidos tras otra desafortunada aventura en Oriente Medio con resultados dudosos", señaló.

A su vez, Sanam Vakil, directora para Oriente Medio del centro de estudios Chatham House, apuntó que la guerra fue rechazada rotundamente por todos los estados del golfo Pérsico, que "intentaron presionar a la Administración Trump, pero fracasaron, lo cual es problemático porque creían tener influencia sobre el presidente". "Invirtieron en él porque pensaban que sería un presidente negociador, no un presidente que provocaría un cambio de régimen. Buscaban protección y estabilidad. En cambio, encontraron un presidente que incendió la región", explicó.

Sin embargo, la experta señaló que, atados por su dependencia de Washington, los estados de Oriente Medio no tendrán más remedio que reprimir su indignación y "sonreírle a Trump con resignación".

Daño "irreparable" de la relación de EE.UU. con sus aliados

Ivo Daalder, exembajador de Estados Unidos ante la OTAN, calificó la agresión contra Irán como el "peor error estratégico desde Vietnam, posiblemente desde la Segunda Guerra Mundial, porque las consecuencias son simplemente malas para Estados Unidos en todos los ámbitos". 

El experto señaló que la guerra causó daños, pero ningún país resultó tan perjudicado como Estados Unidos. "Hemos dañado irreparablemente nuestra relación con nuestros aliados, no solo en Europa, sino también en Asia", afirmó. "El presidente actuó por su cuenta, lanzando una guerra con graves consecuencias económicas para el mundo sin consultar a nadie", continuó, añadiendo que la ventaja geoestratégica de EE.UU., sus aliados, "se ha roto".

"Una posición negociadora difícil para Trump"

Por su parte, el reconocido analista geopolítico, George Friedman, destacó en un artículo para Geopolitical Futures que "el desacuerdo sobre la conveniencia de la guerra y su costo económico es considerable". Aunque la justificación se basaba en el programa nuclear iraní, muchos en el Partido Republicano consideraban el conflicto "una violación de los principios que el presidente Donald Trump defendió en su campaña electoral: el fin de las interminables guerras que EE.UU. ha librado durante los últimos 80 años".

El experto señaló que algunos críticos de la guerra, tanto del partido como del Gobierno, creían que no respondía a los intereses del país norteamericano, sino que se libraba debido a la influencia israelí sobre el inquilino de la Casa Blanca.

Indicó que muchos se volvieron hostiles a la guerra cuando comenzaron a sentirse los costos económicos, en particular el aumento del precio del petróleo. "En este punto, con los detalles del programa nuclear iraní —la razón fundamental esgrimida para la guerra— aún por negociar, y con la presión pública sobre Trump y las amenazas al control republicano del Congreso, el presidente se encuentra en una posición negociadora difícil", concluyó.