Este lunes, Keir Starmer presentó su dimisión, convirtiéndose en el primer ministro más impopular de la historia del Reino Unido. Había sido elegido con una amplia mayoría y con el mandato de reconstruir el país, pero abandonará Downing Street apenas dos años después.
Su sucesor más probable será Andy Burnham, quien regresó al Parlamento hace apenas una semana. A pesar de las expectativas depositadas en él y de poseer cualidades de las que Starmer carecía, el nuevo líder laborista parece arriesgarse a enfrentarse al mismo cúmulo de problemas que hundió a su predecesor.
¿Quién es Andy Burnham?
Burnham es un veterano del Partido Laborista. Nació en 1970 en Liverpool, estudió en la Universidad de Cambridge y fue diputado desde 2001. Se desempeñó como ministro de Cultura y, posteriormente, como ministro de Salud en los gobiernos de Gordon Brown. Tras sus derrotas en la contienda por el liderazgo del partido en 2010 y 2015, se dedicó a la política regional y se convirtió en alcalde del Gran Mánchester.
Fue precisamente allí donde se forjó una reputación de "laborista del pueblo": entró en conflicto con Londres por las restricciones relacionadas con el covid-19, promovió el transporte público y se expresó en términos de justicia social. A diferencia de Starmer, Burnham se presenta como un político con conexión emocional con el electorado. Eso es lo que lo hace atractivo para un partido que ha sufrido una crisis de confianza.
Sin embargo, la crisis actual no reside solo en la ausencia de esperanza, sino en el propio sistema de poder británico, difícil de revertir incluso para un solo primer ministro.
País en decadencia
La caída de Starmer no fue solo consecuencia de decisiones impopulares, sino también del deterioro estructural del nivel de vida y de problemas acumulados. Se prevé que la economía británica crezca apenas un 1 % en 2026, frente al 1,4 % de 2025. Esta desaceleración está vinculada principalmente a los 'shocks' energéticos y a la incertidumbre global. Al mismo tiempo, la deuda nacional del país ya alcanza aproximadamente 2,9 billones de libras (unos 3,8 billones de dólares), equivalente a cerca del 95 % del PIB anual.
Burnham, en este contexto, no ha formulado ninguna imagen positiva del futuro. "Durante su campaña en Makerfield, Burnham evitó abordar temas de política, y su discurso de victoria consistió en una serie de clichés vagos y ambiciosos. Estas trivialidades políticas pueden inspirar temporalmente esperanza y optimismo en un partido en crisis y desesperado —que ha desperdiciado su amplia mayoría en la Cámara de los Comunes en solo dos años—, pero no constituyen, ni por asomo, un programa político viable", opina Graham Hryce, un periodista australiano, en su artículo para RT.
Un camaleón político
Otra característica de Burnham es la ausencia de una postura política clara. Como señala The Economist, el futuro primer ministro se adapta a las circunstancias y se pliega a la voluntad de quienes lo rodean.
"Burnham ha sido un camaleón político a lo largo de su extensa y accidentada carrera política, y el desarrollo de políticas nunca le ha interesado realmente. De hecho, dada su amplia trayectoria de cambios de rumbo en materia de políticas, es casi imposible discernir cuál es realmente la opinión de Burnham sobre cualquier tema político importante", señala Hryce.
"Parece contento con decir lo que sea que caiga bien en el momento de hablar. Muchos de los colegas de Burnham en Manchester y Westminster han señalado que a menudo elige sus políticas por capricho. Pocos pueden explicar en qué será diferente (o mejor) que Starmer", señaló el historiador británico James Pearce en su análisis para RT.
"Muchos han acusado a Burnham de intentar ser 'todo para todos'. Hay un chiste en los círculos de Westminster que Burnham detesta por completo: tres miembros de tres facciones laboristas enfrentadas entran a un bar, y el mesero les dice: 'Hola, Andy'", agregó.
La esperanza no basta
The Economist señala que, en un momento en que se necesitan cambios, Burnham apuesta por la nostalgia y promete revertir "40 años de neoliberalismo".
En lugar de aprovechar el momento para preparar al Reino Unido para la inteligencia artificial o potenciar los servicios de clase mundial del país, propone recuperar el control de los servicios públicos y devolver empleos industriales al norte de Inglaterra, algo que, según el medio, absorberá tiempo y dinero del Gobierno y terminará fracasando, desacreditando aún más al Estado y alimentando el populismo.
En este contexto, los expertos advierten que el nuevo primer ministro podría caer en la misma trampa que Starmer. "Es probable que la popularidad de Burnham comience a decaer tras asumir el cargo, ya que, al igual que sus predecesores, quedará claro que es incapaz de resolver los mismos problemas que ellos no pudieron resolver. Dentro de 12 meses, es muy posible que Burnham se encuentre en una situación similar a la de Starmer a principios de este año: profundamente impopular entre el electorado, tratando de mantener unido un gobierno desmoronado y dividido, y tratando de evitar otro golpe de liderazgo", concluye Graham Hryce.