El canciller de Cuba, Bruno Rodríguez, celebró este domingo el Mundial de Fútbol 2026 como una "fuente de alegría para millones", pero aprovechó para lanzar una dura crítica a Estados Unidos, al que acusó de imponer un modelo mercantilista sobre el torneo, ejercer presión política sin precedentes —incluso revirtiendo decisiones arbitrales— y aplicar restricciones discriminatorias contra jugadores, árbitros y aficionados por motivos racistas y antiinmigrantes.
"Durante más de un mes, hemos vivido el Mundial de Fútbol 2026, que ha llevado alegría a millones de personas y aliviado a muchos de sus problemas existenciales. Nos ha ofrecido extraordinarios logros deportivos y la hazaña del campeón Mundial 2026, del subcampeón y de otros, que felicitamos, celebramos y disfrutamos los cubanos, pese a los insoportables apagones", escribió en sus redes sociales.
"El cerco energético de EE.UU. contra Cuba no pudo bloquear el Mundial, aunque nos hizo difícil verlo y seguirlo. Esta será una competición también recordada por la imposición estadounidense del incremento sin precedentes del poder del dinero sobre el deporte, cada vez más rentado y rentable; gran negocio de las billonarias corporaciones supuestamente deportivas, las grandes televisoras y plataformas tecnológicas privadas, más consagradas al mercado, hasta de los atletas, más que a los goles", agregó.
En este sentido, denunció que "es el Mundial del aumento obsceno de los precios de entrada a los estadios en beneficio de élites y en detrimento de fanáticos, aficionados, familias, jóvenes y niños".
"Otro récord de este Mundial ha sido la brutal interferencia y presión de EE.UU., incluso en revertir una decisión arbitral, para favorecer a su equipo. Desdichadamente, su Gobierno impuso la negativa de visados y registros humillantes a jugadores, árbitros y aficionados respondiendo a discriminatorios patrones racistas y antiinmigrantes, y a falacias políticamente motivadas. Fue inaceptable la punitiva restricción de movimiento a futbolistas por motivos políticos. El fútbol es y debe ser de los pueblos, no de las élites corporativas, menos aún de la plutocracia supremacista que ni siquiera llama al fabuloso y excitante deporte por su verdadero nombre. Como dijo [Diego] Maradona: '¡La pelota no se mancha!'", concluyó el canciller.


