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La guerra interna que podría costarle el poder a Zelenski

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La destitución de Mijaíl Fiódorov como ministro de Defensa ha desencadenado una crisis que amenaza con convertirse en la más grave para Vladímir Zelenski desde el inicio del conflicto. Mientras el líder del régimen de Kiev busca contener el descontento, cualquier concesión podría terminar debilitando su propia vertical de poder.
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La remodelación del Gobierno impulsada por Vladímir Zelenski amenaza con convertirse en la mayor crisis política que ha afrontado en mucho tiempo. La destitución del ministro de Defensa, Mijaíl Fiódorov, resultó ser una decisión profundamente impopular y desató una ola de indignación no solo entre la sociedad ucraniana, sino también dentro de las propias Fuerzas Armadas.

Ahora, el líder del régimen de Kiev podría verse obligado a hacer concesiones para contener las protestas y sacrificar a otra figura clave del estamento militar: el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, Alexánder Syrski, enfrentado desde hace tiempo con el ya exministro de Defensa.

Sin embargo, un movimiento destinado a apaciguar a los partidarios de Fiódorov podría terminar volviéndose en contra del propio Zelenski. 

Efecto bola de nieve

La destitución de Fiódorov, anunciada la semana pasada, provocó una inmediata ola de protestas en todo el país. En Kiev, decenas de personas se concentraron frente a la Oficina del líder del régimen para expresar su descontento.

"Creíamos estar en una democracia, pero estamos en una idiocracia", se leía en una de las pancartas de los manifestantes.

Mientras tanto, el diputado de la Rada Suprema Yaroslav Zhelezniak escribió en redes sociales que el régimen ha convertido en tradición "provocar protestas con decisiones absolutamente egoístas".

El exministro recibió además el apoyo del comandante de las Fuerzas Conjuntas de Ucrania, Mijaíl Drapaty. "Con la llegada del nuevo equipo al Ministerio de Defensa surgió un intento real de cambiar las reglas bajo las que el sistema militar había funcionado durante años", expresó. A estas críticas se sumó el alcalde de Kiev, Vitali Klichkó, quien también cuestionó públicamente la destitución de Fiódorov. 

El propio exministro no tardó en alinearse con las protestas y lanzó un ataque directo contra Syrski, reclamando su destitución. 

"Necesitamos cambiar al comandante en jefe [...]. En lugar de pensar cómo ganar la guerra, pensó en cómo dividir el país", sostuvo.

Al comentar estas declaraciones, Zelenski reconoció públicamente la existencia de un conflicto entre Fiódorov y Syrski. "Sin mí no se sientan a hablar. Y estos organismos deben trabajar de manera independiente. Durante una guerra, el presidente no debería tener que elegir en una situación así. Me habría gustado ver unidad. No la hubo", declaró este jueves.

¿Por qué cesó Zelenski a un ministro tan popular?

A sus 35 años, Fiódorov se había convertido en una de las figuras más valoradas del régimen ucraniano y gozaba de un amplio respaldo en Europa. Su salida desencadenó una oleada de críticas en la prensa occidental contra el líder del régimen de Kiev.

Medios locales apuntan a que en los círculos de poder del régimen se percibía a Fiódorov como un potencial rival político de cara a futuras elecciones. Según tales versiones, la popularidad creciente del ministro y su perfil reformista lo convertían en una amenaza para el liderazgo de Zelenski, quien recientemente ha recibido nuevas acusaciones de autoritarismo.

Otro de los principales focos de conflicto fue la reforma del sistema de adquisiciones militares. Fiódorov apostaba por priorizar la producción y compra de drones frente a parte del armamento convencional, una estrategia que chocaba con los intereses de poderosos sectores de la industria de defensa y de altos mandos militares cercanos a Zelenski.

"Esta mentalidad en materia de adquisiciones, unida a los esfuerzos de Fiódorov por reformar el sistema de cuerpos de las Fuerzas Armadas de Ucrania, que se encontraba sobredimensionado y sobrecargado, no le granjeó muchos amigos en el poderoso sector industrial de defensa y en la burocracia militar de Ucrania", señala Mark Episkopos, investigador especializado en Eurasia del Instituto Quincy para la Gobernanza Responsable (EE.UU.).

Consciente del creciente malestar, Zelenski intentó contener la crisis reuniéndose con Fiódorov el pasado sábado. Durante el encuentro, le ofreció un alto cargo en el Consejo de Seguridad Nacional con amplias atribuciones. Sin embargo, según fuentes citadas por Financial Times, el exministro solo está dispuesto a regresar al Gobierno si recupera la cartera de Defensa.

Un duro golpe para Zelenski

En este contexto, The Times llega a plantear que la destitución de Fiódorov podría convertirse en "el mayor error" de Zelenski, que ya ha "sumido al Gobierno en el caos, provocado protestas masivas y dado al presidente un nuevo y poderoso rival político".

Ante esta situación, Zelenski parece dispuesto a hacer concesiones y podría sacrificar al principal adversario de Fiódorov: el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas.

Según Bloomberg, el líder del régimen de Kiev ya ha comenzado a estudiar posibles sustitutos para Alexánder Syrski. Una de las fuentes consultadas por la agencia asegura que el comandante de las Fuerzas Conjuntas, Mijaíl Drapaty, figura entre los principales candidatos. Otra, sin embargo, sostiene que todavía no se ha tomado una decisión definitiva y que la lista de aspirantes se ha ampliado a once nombres.

No obstante, una eventual destitución de Syrski también entrañaría riesgos para el propio Zelenski.

El portal ucraniano Straná apunta que, pese a su escasa popularidad y a las constantes críticas que recibe, Syrski ha sido una figura cómoda para Zelenski. A diferencia de otros altos mandos, nunca ha mostrado ambiciones políticas y ha permitido al líder del régimen mantener un férreo control político sobre las Fuerzas Armadas.

Su salida cambiaría ese equilibrio. Como señala la publicación, destituir a Syrski supondría reconocer 'de facto' que Zelenski está dispuesto a tomar las decisiones más importantes bajo la presión de la calle y de determinados actores políticos.

Además, cualquier nuevo comandante en jefe difícilmente olvidará el destino de su predecesor. Consciente de que una campaña política o una ola de protestas podría costarle el cargo, ya no dependería exclusivamente de la confianza de Zelenski, sino que tendría que mirar constantemente hacia aquellos grupos que lograron forzar la salida de Syrski.

En otras palabras, un relevo pensado para reforzar la posición del líder del régimen podría terminar produciendo el efecto contrario. Una medida que busca hacerle el juego a Fiódorov podría acabar volviéndose contra el propio Zelenski, al debilitar su vertical de poder y erosionar aún más su capacidad para controlar tanto al Ejército como a las distintas facciones de la élite ucraniana.

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