La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, pidió este jueves a los políticos de EE.UU. que dejen de utilizar a su país como tema de campaña para las elecciones legislativas de medio mandato de noviembre. La mandataria respondió así a las críticas del congresista republicano Carlos Giménez, quien cuestionó el respaldo mexicano a Cuba y amenazó con que el país "enfrentará las consecuencias".
"México no debe ser tema de su campaña porque tienen sus problemas en EE.UU.. México no es piñata de nadie. No usen a México para su campaña", afirmó Sheinbaum durante su conferencia de prensa matutina.
La reacción de la presidenta llegó después de que Giménez, legislador republicano de origen cubano, acusara al Gobierno mexicano de "socavar" la política estadounidense hacia Cuba. En un mensaje publicado en X, sostuvo que la administración de Sheinbaum está dispuesta a "arriesgar la relación con EE.UU." con tal de respaldar al Gobierno cubano y cuestionó el envío de recursos a la isla.
Frente a esas declaraciones, Sheinbaum aseguró que la relación entre México y EE.UU. se mantiene sobre la base de la coordinación, pero "sin subordinación". En ese marco, insistió en que las decisiones de política exterior de su Gobierno responden a criterios de soberanía nacional.
Solidaridad sostenida
La mandataria también reafirmó el respaldo histórico de México a Cuba y defendió el envío de ayuda humanitaria a la isla.
"Siempre vamos a ayudar al pueblo de Cuba, siempre. Es un pueblo hermano, hay una historia común y no estamos de acuerdo con el bloqueo que afecta tanto a un pueblo", expresó.
El pronunciamiento ocurre pocos días después de que el Gobierno mexicano anunciara un nuevo cargamento de ayuda humanitaria destinado a aliviar la difícil situación económica y social que atraviesa Cuba. La medida coincide con un aumento de la presión de la administración de Donald Trump sobre La Habana mediante nuevas sanciones económicas.
La nueva tensión diplomática también se produce mientras México, EE.UU. y Canadá mantienen negociaciones sobre el futuro del Tratado T-MEC, en un contexto de creciente fricción política entre Washington y La Habana y de fuertes debates en torno a la política exterior estadounidense hacia América Latina.