El nuevo acuerdo de defensa firmado por Turquía, Arabia Saudita y Pakistán podría enfrentarse muy pronto a su primera gran prueba de resistencia.
La amenaza de los hutíes yemeníes podría poner a prueba los límites de un pacto, cuyo principio de defensa colectiva recuerda, al menos formalmente, al establecido por la OTAN.
Uno para todos
El acuerdo, firmado la semana pasada en la ciudad de La Meca, establece un principio de defensa colectiva: un ataque armado contra cualquiera de los tres países será considerado un ataque contra todos ellos.
Preguntado sobre las similitudes entre este mecanismo y el artículo 5 de la OTAN, el ministro de Asuntos Exteriores turco, Hakan Fidan, respondió que, "técnicamente, es lo mismo".
Sin embargo, el texto hecho público hasta ahora no especifica qué obligaciones militares surgirían en caso de ataque, si la respuesta sería automática, ni qué tipo de asistencia deberían proporcionar los otros dos signatarios.
El umbral de la defensa colectiva
La amenaza de los hutíes plantea un problema especialmente complejo, ya que no se trata simplemente de un posible conflicto entre dos Estados.
El movimiento yemení dispone de importantes capacidades de misiles y drones y puede causar graves problemas a Arabia Saudita tanto en tierra como en el mar. Por ello, cualquier futuro ataque podría poner a prueba una 'zona gris' que el acuerdo todavía no ha definido públicamente, advierten los expertos.
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"¿Activaría el compromiso trilateral un misil que impactara en Nayrán, justo al otro lado de la frontera con Yemen? ¿Y si un dron alcanzara una instalación petrolera? ¿Se aplicaría el pacto a un buque o una instalación saudita situada fuera del territorio del reino? Estas cuestiones son más importantes que la posibilidad de que tropas turcas o pakistaníes combatan directamente contra los hutíes", señaló el periodista yemení Mohammed Nail Abdulqader.
Para Arabia Saudita, el mar Rojo constituye una ruta fundamental para el comercio y el suministro energético, además de albergar puertos y grandes proyectos económicos de importancia estratégica.
"Esto significa que la primera aplicación práctica del pacto podría producirse en el mar: intercambio de inteligencia, vigilancia aérea y marítima, protección de infraestructuras energéticas y rutas de navegación, así como cooperación contra drones y misiles. Este tipo de cooperación entrañaría menos riesgos políticos que realizar ataques dentro de Yemen, pero aun así podría reducir el margen de maniobra de los hutíes", valoró el experto.
Un bloque político más que militar
El politólogo ruso Timoféi Bordachiov, director de programas del Club de Debate Internacional Valdái, considera poco probable que la alianza llegue a adquirir un verdadero componente militar.
"En primer lugar, los intereses comunes de todos sus participantes son más políticos que militares. Están dispuestos a reforzar conjuntamente, apoyándose en la autoridad y los vínculos de los demás, sus posiciones en la política regional y mundial, pero no tienen motivos para ir juntos a la guerra", indicó el analista.
Bordachiov recordó que, pese a que Riad e Islamabad ya firmaron el año pasado un acuerdo bilateral, las fuerzas pakistaníes no intervinieron en el conflicto con Irán después de los ataques sufridos por instalaciones saudíes.
La prueba de resistencia del nuevo pacto
El mismo día en que se firmó el acuerdo, fuentes citadas por Financial Times señalaron que el documento podría anticipar una mayor implicación bélica de Arabia Saudita contra los hutíes.
"Turquía dispone de importantes capacidades navales y es probable que participe, al igual que Pakistán", apuntó una de las fuentes.
Además, a finales de julio, Riad anunció la creación de una alianza marítima multinacional destinada a proteger la libertad de navegación en el estrecho de Bab el Mandeb, el mar Rojo y el golfo de Adén, iniciativa en la que participan tanto Turquía como Pakistán.
Fuentes pakistaníes dijeron a Financial Times que, durante una reunión celebrada el mes pasado en Ankara, el jefe del Ejército de Pakistán, Asim Munir, y el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, debatieron la creación de una "nueva arquitectura regional de seguridad", así como una respuesta coordinada a los ataques hutíes contra Arabia Saudita y el tráfico marítimo en el mar Rojo.
Para Nail Abdulqader, el éxito del acuerdo de La Meca no se medirá por el número de aviones o tropas que los tres países sean capaces de movilizar.
"La verdadera prueba será si puede hacer que un ataque contra Arabia Saudita resulte más costoso sin aumentar al mismo tiempo el riesgo de una guerra regional más amplia. Si la respuesta a un ataque importante es tan limitada que deja al descubierto la debilidad del compromiso colectivo, los hutíes podrían volver a poner a prueba los límites del pacto", estimó.