Irán se está preparando para una confrontación prolongada con Estados Unidos e Israel, indica Foreign Policy. Según la revista, los nombramientos hechos por el líder supremo, Mojtabá Jameneí, para puestos militares clave revelan cambios profundos en la estrategia de la República Islámica.
Por ejemplo, al confirmar a Ahmad Vahidi comandante en jefe del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), Jameneí le ordenó buscar la "máxima disuasión", manteniendo al mismo tiempo la preparación para "poderosas operaciones ofensivas contra el enemigo".
De este modo, Irán estaría pasando de la política de "paciencia estratégica" (que ha mantenido durante décadas) a una estrategia orientada a infligir el mayor daño posible al adversario "para disuadir a sus enemigos de volver a intensificar el conflicto".
Además, el nombramiento de Mohsen Rezaei, antiguo comandante en jefe del CGRI, como secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional también apunta a un endurecimiento de la política exterior iraní.
Tras su nombramiento, Rezaei afirmó en uno de sus primeros mensajes que "el estrecho de Ormuz permanecerá cerrado hasta que EE.UU. cambie su comportamiento y acepte las condiciones de Irán".
El control de la estratégica vía marítima se ha convertido en la principal baza de Teherán frente a Washington con efectos en la economía mundial, una herramienta de presión que la República Islámica podría utilizar en el futuro si se produce una nueva escalada de hostilidades, destacó la revista.
Al mismo tiempo, Irán sigue abierto a las negociaciones diplomáticas y a una solución política del conflicto. El presidente, Masoud Pezeshkian, ha calificado la coyuntura actual como el "mejor momento" para alcanzar un acuerdo y continúa señalando el memorando de entendimiento como una base para hallar una solución.