Las empresas chinas se están convirtiendo cada vez más en líderes mundiales en numerosos sectores tecnológicos, incluidos los vehículos eléctricos y la robótica.
Negarles el acceso al mercado de EE.UU. perjudica la competitividad del país norteamericano, dificulta los esfuerzos de la nación por desarrollar su capacidad industrial interna y mantiene a la industria y a los consumidores locales alejados de la vanguardia del progreso tecnológico, recoge la revista estadounidense Foreign Affairs.
Para seguir siendo competitivo, Washington debe colaborar con las empresas chinas bajo condiciones razonables. De lo contrario, "EE.UU. acabará siendo una isla de empresas y prácticas obsoletas, y este aislamiento debilitará el dinamismo estadounidense, reducirá la competitividad y erosionará la seguridad económica general", señalan los analistas Peter Cowhey y Meg Rithmire.
Aislamiento total
Los expertos destacan que existen varias opciones sobre cómo EE.UU. podría relacionarse con las empresas chinas en el futuro. La primera contempla el aislamiento total del país asiático y de sus compañías, así como la creación de un mercado mundial separado.
Los intentos de construir un mercado alternativo han sido impulsados por distintas administraciones estadounidenses: el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica de Barack Obama, la campaña de Donald Trump para convencer a sus aliados de excluir a las empresas chinas de telecomunicaciones, así como el Marco Económico del Indo-Pacífico y el Consejo de Comercio y Tecnología Transatlántico de la época de Joe Biden. Sin embargo, todos estos esfuerzos fracasaron debido a que China está tan profundamente integrada en la economía mundial que ya resulta imposible excluirla de ella.
Incluso los aliados tradicionales más cercanos de EE.UU., Canadá y Reino Unido, parecen reconocer esta nueva realidad y están adoptando un enfoque pragmático hacia el gigante asiático. Canadá declaró una reducción mutua de aranceles con China, mientras que Londres y Pekín anunciaron proyectos de inversión.
Cooperación racional
Los analistas instan a Washington a optar por una vía de interacción racional con las compañías chinas. Este enfoque supondría abrir el mercado estadounidense a los fabricantes chinos, pero bajo determinadas condiciones: que las compañías utilicen cadenas de suministro locales, transfieran tecnología, compartan la gestión con empresas estadounidenses, ofrezcan formación a trabajadores y proporcionen garantías de seguridad.
China utilizó precisamente una estrategia similar en el pasado en sus relaciones con firmas occidentales para construir su base industrial. Un ejemplo claro de esta cooperación es el lanzamiento de la gigafábrica de producción de vehículos eléctricos de Tesla en Shanghái.
En cuanto a los riesgos relacionados con la seguridad, los expertos consideran que la solución también se encuentra en el ámbito jurídico.
Si Washington teme que la información recopilada por los vehículos eléctricos chinos pueda utilizarse como arma contra EE.UU., las autoridades podrían obligar a las empresas chinas a almacenar esos datos dentro del territorio de la nación norteamericana. Algo similar ocurrió con TikTok, cuya participación mayoritaria fue vendida a una empresa estadounidense, mientras que la compañía china ByteDance, fundadora de la plataforma, conservó una participación minoritaria.
Finalmente, los especialistas sostienen que EE.UU. debe reconocer que ya se encuentra rezagado en varios sectores industriales clave y que "las barreras levantadas por Washington están costando al país más de lo que lo están protegiendo".