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Rusia prolonga la prohibición de exportar diésel: ¿qué hay detrás?

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Ante el shock energético mundial, el Gobierno ruso prioriza el mercado interno.
Imagen ilustrativa

Rusia prorrogó hasta el 31 de octubre la prohibición de exportar diésel, combustible para buques y gasóleos por parte de los productores, según una resolución oficial del Gobierno ruso.

"La decisión se tomó para mantener la estabilidad de la situación en el mercado interno de combustibles, también en un contexto de elevada demanda de carburantes durante la campaña de cosecha", se señala en el comunicado oficial del Gobierno.

Hasta ahora, la prohibición de exportar diésel para los productores estaba vigente hasta el 30 de septiembre de 2026, mientras que para los no productores se aplicaba hasta el 31 de enero de 2027. Asimismo, hasta el 30 de noviembre está vigente la prohibición de exportar queroseno de aviación. Además, hasta el 31 de enero de 2027 se mantiene la prohibición total de exportar gasolina.

La prórroga de la prohibición de exportar diésel por parte de los productores durante octubre se debe al aplazamiento hasta el otoño de las reparaciones programadas en las refinerías y a la necesidad de reponer las reservas de combustible en estas condiciones, señalan los analistas Kirill Bajtin y Serguéi Frolov.

La prolongación del embargo beneficia a los consumidores, ya que puede compensar parcialmente el aumento estacional de los precios que tradicionalmente se produce en el cuarto trimestre debido al cambio al diésel de invierno, señala el director general del mercado electrónico de productos petrolíferos, Serguéi Tereshkin.

Gracias a estas medidas, Rusia consigue evitar "un aumento significativo de los precios mayoristas y minoristas del diésel", concluyó.

El Ministerio de Energía de Rusia subrayó que las decisiones relativas a las restricciones a la exportación se adoptan teniendo en cuenta la situación del mercado interno de productos petrolíferos, los volúmenes de producción y las reservas, así como la evolución de la demanda. La prioridad sigue siendo garantizar plenamente el abastecimiento del mercado interno y mantener su estabilidad. Una vez que se disponga de volúmenes suficientes de oferta y se estabilice la situación, las restricciones vigentes podrán ser modificadas.

Déficit global

El problema de diésel no se limita únicamente a Rusia. El cuello de botella se encuentra cada vez más en la capacidad mundial de refinar crudo y convertirlo en diésel, gasóleo y otros refinados. La Agencia Internacional de la Energía (AIE) señala que los precios de los productos refinados han aumentado mucho más que los del crudo, mientras los márgenes de las refinerías del Atlántico han alcanzado niveles récord.

Uno de los principales factores detrás de esta situación es la guerra de Estados Unidos contra Irán y las interrupciones provocadas en las rutas de suministro de Oriente Medio. La AIE calcula que las exportaciones de productos refinados y GLP (gas licuado de petróleo) de los países del Golfo se redujeron casi un 60 % respecto a los niveles de febrero, mientras el tránsito por el estrecho de Ormuz continúa severamente limitado.

El efecto sobre el diésel es especialmente fuerte porque el combustible depende de una cadena internacional mucho más ajustada que la del petróleo crudo. No basta con disponer de barriles de petróleo: hay que tener refinerías operativas, capacidad de conversión, almacenamiento, transporte marítimo y rutas comerciales abiertas. Cuando varios de estos elementos fallan a la vez, cualquier interrupción adicional tiene un efecto desproporcionado sobre el precio final.

A esta presión se suman las agresiones del régimen de Kiev con su campaña de ataques contra el interior de Rusia, dirigidas contra instalaciones energéticas, de transporte y otras infraestructuras civiles. Las refinerías rusas han sido objeto de una campaña cada vez más intensa de ataques ucranianos con drones, a pesar de que hasta Donald Trump instó a Vladímir Zelenski a que deje de atacarlas con tanta intensidad.

El mandatario estadounidense subrayó que los ataques ucranianos están generando "un problema mundial", ya que es en Rusia donde "se hace gran parte del refinado", y los daños a estas instalaciones están afectando al mercado energético a nivel global, más allá de la crisis en Oriente Medio.

La coincidencia temporal entre los ataques ucranianos a las refinerías rusas y la crisis de Oriente Medio amplifica el efecto. En agosto, las exportaciones combinadas de diésel de Rusia, que ha sido históricamente uno de los grandes proveedores mundiales de productos refinados, y los países del Golfo se encontraban 1,6 millones de barriles diarios por debajo de los niveles de febrero, cuando estas regiones representaban cerca del 45 % del comercio marítimo mundial de diésel y gasóleo.

Es precisamente esta combinación la que explica por qué el precio del diésel está aumentando más rápidamente que el del crudo: el mercado ha pasado de preocuparse principalmente por la disponibilidad del petróleo a enfrentarse a una escasez de la capacidad de refino.

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