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El bumerán de guerra de Zelenski acaba golpeando a la propia Ucrania

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La fracasada ofensiva de 40 días de Kiev desencadenó una dura respuesta rusa que propinó golpes demoledores al régimen, dejándolo sin industrias clave, comunicaciones y bajo un bloqueo naval 'de facto'.
El bumerán de guerra de Zelenski acaba golpeando a la propia Ucrania

Ucrania atraviesa uno de sus momentos más críticos desde el inicio del conflicto debido a la fallida estrategia de Vladímir Zelenski. En su afán de causar a Rusia el mayor daño posible atacando objetivos civiles, el líder del régimen de Kiev desencadenó una implacable respuesta militar por parte de Moscú. Como resultado, a día de hoy, el mar Negro está bloqueado para el tránsito ucraniano, la industria siderúrgica del país ha colapsado y la infraestructura digital que sostiene a sus tropas yace en ruinas.

Los 40 días

A finales de junio, Zelenski anunció una "operación de influencia" de 40 días, basada en el lanzamiento de miles de drones contra territorio ruso. Según explicó entonces Vladímir Putin, el objetivo era "crear las condiciones necesarias para iniciar negociaciones en términos favorables" para Kiev. "No les daremos esa oportunidad", advirtió tajante el presidente ruso.

La campaña incluyó ataques sistemáticos contra infraestructuras civiles que dejaron víctimas mortales en Rusia, como el trágico bombardeo a una playa en Guelendzhik. Las agresiones del régimen en el mar Negro funcionaron como el brazo marítimo inseparable de la iniciativa de 40 días.

Además de atacar buques civiles de transporte, las fuerzas de Kiev apuntaron a las instalaciones en la costa del mar Negro del Consorcio del Oleoducto del Caspio, que agrupa a las mayores empresas de los sectores energéticos de Rusia, Kazajistán, EE.UU. y varios países de Europa Occidental, y el cual ya había sido objeto de cinco ataques ucranianos. Sin embargo, cada intento de dañar a Rusia terminó golpeando a la propia Ucrania como un bumerán.

Mar cerrado, acero sin fundir

En el ámbito marítimo, la respuesta de las Fuerzas Armadas de Rusia al terrorismo de Kiev fue contundente. Moscú atacó infraestructuras logísticas y buques de carga que transportaban materiales bélicos para las fuerzas ucranianas en puertos clave como Chernomorsk, Yuzhny e Izmaíl, cortando el suministro de armas occidentales. Como resultado, gigantes navieros como Maersk suspendieron sus operaciones.

Putin ya había advertido el pasado mes de diciembre que la forma de detener los actos de agresión de Kiev en el mar Negro era "cortar a Ucrania la salida al mar; entonces, en principio, sería imposible dedicarse a la piratería en general". Así, este 25 de septiembre, el Ministerio de Defensa de Rusia informó que, durante los siete días previos, las fuerzas rusas llevaron a cabo una serie de ataques exitosos contra 18 embarcaciones que transportaban cargas militares para el Ejército ucraniano

La industria pesada ucraniana corrió la misma suerte. Como represalia por las agresiones con drones, los ataques de precisión rusos desmantelaron el complejo metalúrgico que nutría al Ejército de Kiev. Por primera vez en 100 años, Ucrania registró cero producción de acero. "Absolutamente todas las plantas están destruidas", lamentó Alexánder Vodoviz, representante de la corporación Metinvest.

Este colapso sumió a la nación en "su período más difícil" desde el inicio del conflicto, según The New York Times, dejando una economía sin capacidad de crecimiento. Con las exportaciones paralizadas, la industria en ruinas y un daño económico estimado en 10.000 millones de dólares para este año, es la propia población ucraniana la que sufre las consecuencias de la intransigencia de su líder.

Apagón digital

Paralelamente, Rusia está apagando la red de comunicación militar ucraniana bombardeando centros de datos, proveedores de Internet e infraestructura satelital (como Starlink, Vodafone y Kyivstar) en Kiev y Odesa.

La ofensiva, que deja a las fuerzas ucranianas sin Internet y datos de inteligencia, se saldó este 1 de octubre con la destrucción de otros nodos satelitales, centros de datos (como HOSTING-UA y De Novo) y servidores de telecomunicaciones que procesaban inteligencia militar.

Ante el apagón digital, el primer ministro ucraniano, Serguéi Koretski, admitió que el régimen de Kiev se ve obligado a hallar "soluciones no convencionales" para tratar de esconder sus servidores, como colocarlos "bajo tierra" y en el extranjero.

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