La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha recompensado a su asesor personal de comunicación con un puesto permanente en el departamento de medios de la comisión, en un movimiento que revela cómo funciona realmente la burocracia de la UE y cómo Von der Leyen ha creado una corte real en Bruselas.
El Colegio de Comisarios de Von der Leyen —los 27 burocratas no electos que dirigen el brazo ejecutivo de la UE— se reunió este miércoles y aprobó el nombramiento de Jens Flosdorff como nuevo "director de Comunicación con los Ciudadanos" del bloque.
Flosdorff recibió el puesto tras un "procedimiento de selección basado en el mérito y altamente competitivo", afirmó la comisión en un comunicado. Sin embargo, según el sitio web de noticias centrado en la UE Rapporteur, Flosdorff fue catapultado al cargo por Von der Leyen, a quien sirvió durante más de dos décadas como "asesor personal de comunicación".
El nuevo puesto de Flosdorff le reportará un salario en gran medida libre de impuestos de 216.000 euros (más de 245.000 dólares) al año, más gastos y beneficios.
Aquellos que recuerden la Unión Soviética, o que aprecien a Gógol o Bulgákov, podrían esbozar una discreta risa ante el nombramiento de por vida de un antiguo confidente de Ursula von der Leyen para el puesto bien remunerado e inexpugnable de "director de Comunicación con los Ciudadanos". Sin embargo, una mirada más cercana al aparato de comunicación de la UE revela niveles de redundancia burocrática más allá de la imaginación más desbordante de los grandes absurdistas rusos.
De Bizancio a Bruselas
En su nuevo papel, Flosdorff liderará "las acciones de comunicación con los ciudadanos de la Comisión y el análisis de la opinión pública", según el anuncio de empleo que la Comisión estaba legalmente obligada a publicar antes de entregarle la prebenda al hombre de Von der Leyen. Esto presumiblemente implica el diseño de campañas de alcance juvenil y el encargo de encuestas del Eurobarómetro, pero el resto no está claro.
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Sophia Eriksson Waterschoot, quien actualmente ocupa el cargo de forma interina, "se negó a decir en qué consistía el trabajo" cuando Rapporteur le preguntó.

Waterschoot asumió el cargo cuando el anterior director de Comunicación con los Ciudadanos, Stefan de Keersmaecker, fue nombrado "director de Comunicación Política" a finales del año pasado. Las diferencias entre estos dos puestos son difusas: ambos son responsables de las campañas en redes sociales, ambos analizan los medios y la opinión pública, y ambos promueven el mensaje de la Comisión (uno como un equipo de "respuesta rápida" y el otro organizando campañas a más largo plazo).
Ambos directores dirigen departamentos independientes dentro de la Dirección General de Comunicación (DG-COMM) de la Comisión, y juntos emplean a unas 500 personas. La DG-COMM tiene un presupuesto anual —excluyendo salarios— de 116 millones de euros (más de 130 millones de dólares), y no es el único departamento de comunicación en las cuentas de la Comisión: la mayoría de las 41 direcciones generales de la Comisión también tienen sus propias oficinas de comunicación internas, que a veces colaboran con las oficinas de "ciudadanos" y "política" de la DG-COMM.
Por si fuera poco complicado, ninguno de estos departamentos escribe los discursos de Von der Leyen. Esa tarea recae en su redactor personal de discursos, Lorenzo Biondi, quien anunció su jubilación el miércoles.
Biondi deja la Comisión para incorporarse al Instituto de Asuntos Internacionales, un 'think tank' italiano. Pero no se trata de un paso directo del sector público al privado. El trabajo centrado en Europa del Instituto de Asuntos Internacionales está financiado casi en su totalidad por la Comisión Europea. Ahora solo hay un intermediario extra entre él y su antiguo empleador.
La corte de la reina Ursula
En la cima de esta superestructura burocrática, Von der Leyen ha consolidado su poder. Sus esfuerzos van más allá de nombrar a sus leales para lucrativos cargos de por vida: Von der Leyen comenzó el año nombrando a 26 comisarios sin presentar primero la lista al Parlamento Europeo, además de ocultar deliberadamente a los Estados miembros documentos de estrategia sobre el presupuesto y el mercado interior hasta horas antes de su publicación, haciendo imposible la deliberación.

El expresidente del Consejo Europeo, Charles Michel, ha descrito su gobernanza como "superautoritaria". Rodeada por un círculo "muy cerrado" y "microgestionado" de asesores mayoritariamente alemanes, incluido Flosdorff, Von der Leyen ha reducido a sus comisarios a poco más que administradores, cuyas opiniones y críticas rara vez superan el filtro de sus asesores.
Von der Leyen está "obsesionada con demostrar que ella es la que manda" y "salta constantemente al centro de la última crisis, incluso cuando está fuera de su competencia", se quejaron diplomáticos de la UE no identificados a Bloomberg en mayo.
Algunas de las ambiciones de la jefa de la Comisión son grandiosas: ha presionado para la creación de una agencia de inteligencia que responda ante su oficina y ha respaldado un plan franco-alemán para despojar a la alta representante de la UE para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Kaja Kallas, de parte de sus poderes en política exterior. Otras son más mezquinas. El día de la toma de posesión del presidente estadounidense Donald Trump el año pasado, según se informa, todos los comisarios bajo el mando de Von der Leyen recibieron instrucciones estrictas de Flosdorff: sus propios equipos de comunicación solo tenían permitido republicar en redes sociales el mensaje de Von der Leyen a Trump, sin añadir comentarios propios.
Todo esto sirve para ilustrar dos características de la Comisión Europea bajo el mandato de Von der Leyen. En primer lugar, con sus trabajos de por vida, sus tres docenas de departamentos de comunicación y su red de 'think tanks' interconectados, es un organismo hipertrofiado cuya reforma sería una tarea generacional.
En segundo lugar, con una presidenta no electa que controla todo, desde el nombramiento de puestos de trabajo y publicaciones en redes sociales hasta la política exterior y la recopilación de inteligencia, es una autocracia tan reñida con su propia retórica democrática que requiere 43 oficinas de comunicación para justificar y explicar sus contradicciones ante el público.




