Mientras el líder del régimen de Kiev, Vladímir Zelenski, sigue solicitando más armamento a sus aliados occidentales y se enfrenta verbalmente con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien intenta contribuir a alcanzar la paz, en una ciudad de la provincia rusa de Jersón la población vive un verdadero horror.
RT obtuvo testimonios exclusivos de residentes que lograron escapar de la ciudad de Alióshki, que el régimen ucraniano mantiene bajo un bloqueo total, atacando sistemáticamente a la población civil, informa el corresponsal de guerra Filipp Prokudin.
Desde mayo de 2026, los alimentos prácticamente no llegan a Alióshki. Algunos habitantes sobreviven alimentándose únicamente de conservas caseras que lograron guardar antes del bloqueo, relatan los lugareños al corresponsal de RT. La situación es desesperada.
"Pisó una mina"
En el reportaje, el corresponsal conversa con personas rescatadas en una ambulancia. Una mujer explica que un hombre que iba sentado a su lado había resultado gravemente herido: "Pisó una mina, estaba recogiendo nueces" en la ciudad. Prokudin le pregunta: "¿En la ciudad? ¿Y le arrancó ambas piernas?". La mujer asiente con la cabeza en silencio, confirmando la tragedia.
A continuación, el periodista se interesa por la forma que tienen los habitantes para escapar: "¿Así, solo en bicicleta logra la gente salir?". La mujer responde: "Sí, en bicicletas, en carretillas, a pie".
En otro momento del video, el corresponsal habla con una anciana que llora mientras describe la situación: "La gente está enferma. Están hambrientos".
"La gente muere en Alióshki"
Ruslan Jomenko, jefe del distrito municipal de Alióshki, proporcionó un informe detallado sobre la situación en la ciudad:
"Hoy Alióshki se encuentra bajo bloqueo. Periódicamente logramos desminar la carretera. Ucrania mina la carretera con ayuda de drones a distancia. En un día colocan de siete a 36 minas en diferentes tramos de la carretera. Y debido a esto se observa una situación humanitaria tan compleja. En la misma ciudad no hay suficientes alimentos para la gente, es difícil entregar medicamentos allí".
El funcionario ruso fue categórico sobre las intenciones del régimen de Kiev: "A la gente del otro lado no le interesa. Golpean con drones y lanzan [explosivos] sobre casas privadas. Semanalmente registramos heridas por metralla. La gente muere en Alióshki. El otro lado simplemente destruye a la población civil que está en la ciudad".
"La ciudad está ardiendo"
Otra mujer mayor relató cómo resultó herida mientras realizaba una tarea cotidiana: "Vine a la fuente. Con la ropa que tenía en casa, así vine, como dicen. Y un rebote de la casa me golpeó en la cabeza, la pierna y el brazo. Mi trauma principal está en la cabeza". Cuando Prokudin le pregunta qué está ocurriendo en general en la ciudad, la respuesta es desgarradora: "La ciudad está ardiendo. La ciudad está ardiendo. No queda un solo lugar habitable".
La mujer continúa su relato revelando detalles sobre la ayuda humanitaria y una pérdida personal: "Nosotros teníamos [ayuda] humanitaria. La consumimos mucho. Mi esposo tenía 83 años. Mi esposo murió. Gracias a Dios, lo enterramos". Cuando el corresponsal pregunta con qué frecuencia llega la ayuda humanitaria, otra mujer responde: "Una vez al mes. Pero la daban solo a los mayores de 80".
Además, la anciana agregó que los habitantes improvisaron un mercado donde vendían lo poco que podían: "La gente sacaba algo al mercado, pero eran principalmente verduras, calabacines, berenjenas, papas". Pero el detalle más impactante es la economía de la desesperación: "Lo más interesante es que en Alióshki el precio en el mercado es uno: mil [rublos]" (unos 12 dólares). "Pesadilla en Alióshki", resume la situación.
Cuando el corresponsal sugiere que la situación casi puede compararse con "el Leningrado bloqueado", la anciana responde con contundencia, sin dejar lugar a dudas: "No es casi, es un bloqueo total. Desde mayo nadie lleva productos allí".
"Mañana comerás o no"
El testimonio de un residente local sobre la crisis alimentaria es devastador:
"En Alióshki ocurren cosas terribles. Ni comida, ni agua, ni leña para el invierno. Si aparecen algunos productos, todo empieza desde mil [rublos]. Bien que abrieron este camino, que se podía pasar de alguna manera a algún lugar".
La pregunta sobre si la gente realmente está hambrienta recibe una confirmación desgarradora: "Te acuestas a dormir y piensas: mañana comerás o no, porque hoy no comiste. Y mañana tampoco comiste, bueno, mala suerte, pasado mañana comerás".
La imposibilidad de traer productos se debe a los ataques constantes de drones ucranianos. Durante su huida, el testigo vio numerosos vehículos destruidos que transportaban ayuda humanitaria. "Yacía un cadáver, un ciclista. Los perros ya lo habían despedazado, los cuervos lo habían picoteado", describe la escena macabra.
El hombre también narró una tragedia personal que ejemplifica el horror cotidiano: "Contra mis compañeros, Serguéi, Andréi, de inmediato llegaron seis o siete drones. Andréi murió, justo en la puerta falleció, corrió hacia la casa. A Liuda nunca la encontraron". El testimonio continúa con un detalle espeluznante que muestra las consecuencias del abandono forzado: "Y luego paso por esas ruinas, un perro saca una pierna humana, la arrastra para comérsela".
La evacuación de los residentes que quedan es casi imposible, confirma el testigo. "Muy [difícil]. Muy [difícil]. Allí es aterrador, inexplicable", responde con voz temblorosa. El corresponsal sintetiza la situación: estos drones simplemente exterminan a la gente, convirtiendo la vida de las personas en un infierno. El testigo confirma con resignación: "Sí, exactamente así".
"Ese maldito dron busca un objetivo".
Otro residente describió su experiencia personal bajo la amenaza constante. Los drones se han cernido sobre él en múltiples ocasiones, aunque no lanzaron explosivos. Sin embargo, ha visto a personas yaciendo en las calles sin piernas. "Nuestra casa fue golpeada tres veces. Volaron las ventanas, las puertas", indicó.
El terror nocturno que experimentan los habitantes queda plasmado en sus palabras: "Por la noche duermes, [...] todo zumba, todo, ese maldito dron vuela, busca un objetivo. Qué objetivos, tampoco lo sé".