Rusófobo contra rusófobo: el presidente y el primer ministro de Polonia están inmersos en una pelea, de consecuencias imprevisibles, que dice mucho sobre el estado actual de la Unión Europea.
El estallido del conflicto entre Karol Nawrocki y Donald Tusk (que tiene su origen en el pasado, como veremos –valga el oxímoron– más adelante) se produjo durante un viaje oficial del jefe de Estado al extranjero. En efecto, el presidente polaco volaba en un avión oficial hacia Senegal, junto a una amplia delegación, cuando de repente le llegaron noticias de que el patio andaba revuelto en Varsovia y de inmediato dio la orden de dar la vuelta.
Y es que resulta que, 'por pura coincidencia', mientras el jefe de Estado estaba fuera del país, una jueza del Tribunal Constitucional aprovechó para destituir al presidente y vicepresidente del organismo y, ya que estaba, Anna Guaidowska se proclamó su nueva presidenta. No, bueno, la jueza en realidad no se llama Anna Guaidowska, sino Anna Korwin-Piotrowska, pero la tentación del chiste era demasiado fuerte.
La actual crisis proviene de un viejo pleito no resuelto entre los dos principales grupos políticos polacos: los de tendencia conservadora-soberanista y los de inclinaciones liberales-globalistas
Poco después, el primer ministro Donald Tusk ordenó a la Policía antidisturbios rodear el tribunal, supuestamente para evitar altercados entre quienes protestaban fuera y quienes estaban en su interior.
Pero resulta que, para entonces, el presidente Karol Nawrocki ya había regresado al país tras su 'viajus-interruptus' a Senegal y lo primero que hizo fue dirigirse a la sede del mayor órgano del Poder Judicial polaco. Al llegar, se encontró con un cordón policial que le impedía la entrada y un segundo 'cordón', el de la mismísima magistrada Korwin-Piotrowska, que también trataba de obstaculizarle el paso. Imagínense la escena: el presidente de un país forcejeando en público con una jueza, mientras los policías apostados en el lugar dudaban qué hacer, a quién obedecer o a quien soltarle un porrazo por la cabeza.
Todo este espectáculo absurdo y hasta patético, mucho más propio de 'junglas' que de 'jardines' (¿verdad, Josep?), tiene su origen en un viejo pleito no resuelto entre los dos principales grupos políticos polacos: los de tendencia conservadora-soberanista (al que pertenece el presidente Nawrocki) y los de inclinaciones liberales-globalistas (al que pertenece el ‘premier’ Tusk). Ambos grupos son furibundamente rusófobos, por lo que, en este programa que se graba en Moscú, en lugar de tomar partido, nos limitamos a disfrutar del momento.
Un conflicto larvado desde hace años
Desde 2015, las dos facciones principales de la política polaca no logran ponerse de acuerdo en la forma de aprobar los jueces del Tribunal Constitucional. Y cada vez que se alternan en el poder, uno le deja al otro un 'regalito' legal que perpetúa el pleito entre ambos. Desde 2017, en Bruselas tomaron partido por los liberales-globalistas polacos, llegando a congelar los fondos europeos destinados a Polonia en 2021, bloqueo que estuvo vigente durante dos años durante el gobierno conservador polaco. Sin embargo, esto no resolvió el diferendo e incluso ahondó el enfrentamiento entre uno y otro grupo.
Cuando los liberales retomaron el poder en 2023, decidieron desconocer al Tribunal Constitucional, por considerar que sus jueces estaban "capturados" por los conservadores. En respuesta, Nawrocki, el presidente conservador decidió negarse a tomar juramento a los nuevos jueces designados por el Parlamento, de mayoría liberal, por lo que legalmente estos no podían asumir el cargo. La cosa escaló al momento en que el Legislativo nombró juez a un ministro de Donald Tusk, quien había prometido despolitizar la Justicia. El presidente Nawrocki, siguiendo su costumbre, se negó a juramentarlo, pero el recién nombrado, Maciej Berek, trató de ingresar por la fuerza en la sede del máximo órgano judicial, lo que derivó en un forcejeo con el vicepresidente del mismo, ahora destituido por la jueza que trató a su vez de impedir la entrada del presidente del país, Karol Nawrocki. En fin. Les dije que era tremenda novela y, como ven, no exageré.
Actualmente, en Polonia hay dos presidentes del Tribunal Constitucional: uno reconocido por el presidente y desconocido por el primer ministro y la otra reconocida por el primer ministro y desconocida por el presidente
Al momento de escribir este artículo, el pleito sigue encendido y podríamos decir que, actualmente, en Polonia hay dos presidentes del Tribunal Constitucional, uno reconocido por el presidente y desconocido por el primer ministro y la otra reconocida por el primer ministro y desconocida por el presidente. ¡Caramba con las instituciones europeas, qué ejemplo para los países 'de la jungla', ¿no es cierto?
Y es que el caos polaco, lejos de ser algo aislado, llega en un momento en el que la Unión Europea atraviesa tantas crisis al mismo tiempo que esta inestabilidad polaca, lejos de desentonar, está en plena sintonía con el panorama general en el 'club' de Bruselas.
Melodrama europeo a la vista
A las protestas cada vez más masivas en toda Europa Occidental, en las que se hace patente la frustración de una población hastiada y sin esperanza, se suma la existencia de gobiernos increíblemente impopulares (como el de Friedrich Merz o el de Emmanuel Macron, con ambos por debajo del 20 % de 'popularidad') o el adelanto de elecciones por la incapacidad de aprobar presupuestos, también en el medio de protestas o malestar social, como es el caso de Bélgica o España.
Por supuesto, no faltaron quienes apuntaron a una injerencia rusa en la crisis polaca, bien sea para provocarla, bien sea para aumentarla o bien sea (añadimos nosotros) solo en el rol de reírse un rato a la distancia. Acusaciones (las dos primeras, la tercera está plenamente comprobada y justificada) que no hacen más que añadir absurdo y patetismo a todo lo sucedido en Varsovia.
Porque señalar hacia Rusia antes que afrontar los problemas propios es, seguramente, una de los valores europeos más practicados por Bruselas y aliados. De modo que, visto lo visto, la telenovela polaca de estos días no parece un capítulo aislado, sino parte de un seriado en forma de melodrama europeo que no cesa de estrenar nuevos episodios.
El presente texto es una adaptación de un video realizado por el equipo de '¡Ahí les va!', escrito y dirigido por Mirko Casale.

