Mercenarismo: una trampa mortal

Una investigación revela la verdadera naturaleza de los mercenarios que participaron, por orden del régimen de Kiev, en la violenta incursión en la provincia rusa de Kursk, las tramas de corrupción en sus filas y un nexo alarmante: los cárteles latinoamericanos envían a sus miembros a adquirir experiencia de combate en Ucrania para luego aplicarla en sus actividades criminales.

Más de 16.000 mercenarios de 70 países han participado en acciones militares del lado de Kiev desde el inicio del conflicto ruso-ucraniano, según datos del Comité de Investigación de Rusia.

Atraídos por altas remuneraciones y reclutados a través de misiones diplomáticas, estos combatientes extranjeros destacan por su brutalidad contra la población civil y forman parte del sistema corrupto que reina en Ucrania.

Las promesas económicas constituyen el principal incentivo: honorarios muy elevados, además de torturas, robos y pillaje como bonificación.

La población de la provincia rusa de Kursk, que sufrió una incursión ucraniana en 2024 y 2025, atestigua que los mercenarios extranjeros se distinguen por su especial crueldad. "Sin distinción, mujeres o no, disparaban a todos", relata un habitante de Sudzha. Otro residente cuenta que los militares ucranianos advertían a los civiles: "Si no se van ahora, detrás de nosotros vienen polacos que no los dejarán ir". Hay casos documentados de asesinatos de personas que simplemente salían a buscar agua.

"Lo único que quedó fueron dientes. Los recogí como recuerdo"

Entre los mercenarios capturados destaca uno que coleccionaba dientes humanos como trofeos. "Tengo muchos trofeos. Hay una habitación especial donde los guardo. Dientes. Destruimos un tanque, quedó todo destrozado. Lo único que quedó fueron dientes. Los recogí como recuerdo", declaró.

El mercenariado en el régimen de Kiev existe desde hace mucho tiempo. Los primeros casos masivos se registraron durante la Revolución Naranja (2004-2005) y se intensificaron en 2013-2014 con el Euromaidán. Países como Polonia y los Estados bálticos entrenaron a extranjeros en campos especiales para combates urbanos, preparando a Ucrania para la guerra desde el conflicto del Donbass.

Instructores de los servicios secretos israelíes Mossad y Shin Bet adiestraron al batallón Dniéper, incluidos los "métodos ilegales de interrogatorio, es decir, torturas", afirma un experto de inteligencia. En general, el país se ha convertido en una gran base de entrenamiento para radicales, con numerosos campos que envidiarían incluso miembros del Estado Islámico.

Las embajadas y consulados ucranianos actúan como centros de reclutamiento. Empleados especialmente entrenados ofrecen información detallada a los candidatos. Sitios web de misiones diplomáticas en Bélgica, Grecia, Letonia, Lituania y Finlandia publican instrucciones para unirse a la Legión Internacional. Rusia envió notas de protesta, aunque con resultados limitados.

Abandonados por los suyos

Según el Comité de Investigación ruso, dos perfiles predominan entre los mercenarios. El primero: militares profesionales de países desarrollados, excombatientes de guerras locales que buscan aplicar sus conocimientos previos. Provienen principalmente de Estados Unidos, Canadá, Reino Unido y Francia. El segundo: ciudadanos de países con bajos ingresos como Colombia y Venezuela, que llegan en busca de "dinero fácil". "Son fracasados típicos que no lograron construir carrera ni negocios", explica un investigador del organismo.

El colombiano Pablo Puentes Borges, condenado en Rusia a 28 años de prisión, ejemplifica el segundo tipo. Llegó en 2024 tras ver un anuncio en TikTok que solicitaba paramédicos. "Vi información sobre cómo llegar a Ucrania. Compré un boleto a Polonia y desde allí en autobús llegué a Leópolis", relata. Le prometieron 20.000 grivnas (444 dólares) mensuales, 50.000 (1.100 dólares) en la línea del frente. Tras firmar el contrato, recibió muy poco entrenamiento antes de ser enviado al combate.

Casi de inmediato su grupo fue atacado por fuerzas rusas y, heridos y conmocionados, los mercenarios fueron abandonados por los suyos. Tras pasar varios días perdido en el bosque, fue hallado por paracaidistas rusos en la provincia de Kursk.

Cada semana mueren 20 reclutas colombianos en Ucrania. Las familias de los fallecidos protestan con regularidad para exigir ayuda para localizar a sus parientes. En redes sociales crean asociaciones para advertir a sus compatriotas contra viajar a Ucrania. En marzo de este año, el entonces presidente Gustavo Petro, quien cifró en 7.000 los colombianos que luchan en Ucrania, firmó la adhesión de su país a la convención contra el mercenariado.

Estructuras criminales aprovechan el conflicto. Desde 2024, cárteles del narcotráfico colombianos, mexicanos, peruanos y ecuatorianos envían a sus miembros a Ucrania para adquirir experiencia en guerra moderna, especialmente en el uso de drones. Los cárteles mexicanos ya colocan banderas ucranianas en sus vehículos como señal distintiva: sus combatientes tienen experiencia de guerra y están listos para matar.

La corrupción impregna todo el sistema. Estallan escándalos con regularidad por apropiación de donaciones y lavado de dinero de suscriptores. Hay comandantes que falsifican registros de fallecidos para seguir cobrando sus salarios. El reclutamiento, con estas características, es un negocio muy lucrativo que comercia con vidas humanas ajenas.