El laurel que logró Venezuela como campeón del Clásico Mundial de Béisbol es la hazaña más importante que ha logrado el país en su historia deportiva y posee una gran trascendencia, ya que este es el principal deporte nacional, el que más fanaticada posee y es el que más victorias deportivas ha otorgado al pueblo venezolano.
Este triunfo representa una especie de reseteo emocional en una población que ya lleva al menos una década en medio de una gran presión e injerencia extranjera, bajón económico sin precedentes, polarización política y una sensación de crisis. Por ello, esta victoria representa una especie de "pase de página" de la animosidad actual.
Desde 1941, cuando fue campeón de la IV Serie Mundial Amateur de Béisbol, Venezuela no tenía un logro de gran calado. Pero este martes pudo dar la estocada en la última entrada del juego, cuando un doble de Eugenio Suárez frente al lanzador Garrett Whitlock, rompió el empate y le dio una victoria agónica.
Días antes, había logrado vencer a los tricampeones (Japón) y a la escuadra sorpresa (Italia).

Además del escenario deportivo, el contrincante también representó algo muy simbólico: que la final se haya jugado en Miami (EE.UU.), con 'umpire' (árbitros) de ese país, y que el resultado haya sido favorable a Venezuela en medio de una diatriba internacional profunda, que incluye sanciones económicas a la nación caribeña, genera una sensación de victoria, de justicia, que ahora recorre todos los rincones del país: desde sectores opositores y al interior del gobierno han celebrado por igual. Esto significa una pausa en la conflictividad, así como una unión nacional en torno a la victoria de los jugadores.
Una recomposición interna del gobierno que ahora apunta a preservar el poder y a prepararse para entrar en una nueva fase de crecimiento económico y de reconciliación nacional.
Dicha pugnacidad llegó a su máximo nivel el pasado 3 de enero, cuando soldados estadounidenses bombardearon Caracas, secuestrando al presidente Nicolás Maduro, y a su esposa, Cilia Flores. Ante este nuevo escenario, el actual gobierno ha podido surfear la situación en medio de unos efectos políticos importantes, como, por ejemplo, su reconocimiento por parte de Washington, la neutralización de los sectores políticos venezolanos que viven en el extranjero y que exigen una intervención más prolongada de EE.UU., y, por otra parte, un reacomodo en las fuerzas del gobierno: justo pocas horas después del triunfo deportivo, fue removido el ministro de la Defensa, Vladimir Padrino López, quien tenía doce años ocupando la cartera.
Así como Padrino, suman más de diez los ministros y altos cargos que han sido removidos, lo que significa una recomposición interna del gobierno que ahora apunta a preservar el poder y a prepararse para entrar en una nueva fase de crecimiento económico y de reconciliación nacional que ha permitido la excarcelación de centenares de presos.
Presiones en el campo
Pero la adversidad de Venezuela no ha venido solamente de la esfera política o económica. Varios jugadores de primer orden, incluyendo muchos lanzadores, fueron impedidos (por sus clubes) de jugar, lo que dejó casi diezmado al equipo. El mánager del equipo, Omar López, denunció incluso en el último juego las presiones que recibió de los gerentes de los clubes estadounidenses para impedir que varios de sus lanzadores tuvieran acción en la noche de la gran final.
Sin embargo, el jefe del equipo no cedió y utilizó a seis lanzadores, quienes dejaron al equipo estadounidense con apenas tres 'hits' en toda la noche.
Se abren las expectativas
El triunfo en el béisbol también está acompañado de unas altas expectativas económicas.
Venezuela, que ha logrado tener un crecimiento importante en los últimos cuatro años, está actualmente esperando un salto cualitativo aún mayor en sus ingresos debido a una atenuación de las medidas unilaterales de EE.UU., a lo que se suma el actual conflicto de Irán, que termina posicionando a Venezuela entre los "ganadores económicos" en un momento donde aumenta el precio de los combustibles y la inflación a escala global.
Situaciones de este tipo siempre han traído mucha conflictividad sociopolítica en América Latina, donde hay países que son gravemente afectados mientras que otros lucen beneficiados: Venezuela, entre estos últimos.
Todo ello hace que el país caribeño, que en los últimos años era una especie de cenicienta económica, un país con retos importantes en la materia, ahora cambie la ecuación y comience a verse nuevamente como una potencia económica regional que empieza a ser revaluada, incluyendo por inversionistas extranjeros, así como las grandes petroleras trasnacionales, que no han dejado de visitar el país en este primer trimestre del año.
Un país que hace menos de tres meses sufría bombardeos en la capital y otras ciudades, que se saldaron con al menos cien muertos y cien heridos, esta semana ha gozado de la mayor gloria al vencer a la potencia por excelencia del béisbol y lo hizo en territorio norteamericano, con sus árbitros y la presión de sus clubes. Ante esto, la fiesta se ha desbordado en todo el país caribeño. Después de años de depresión, Venezuela hoy se sabe campeona.


