El impacto político y geopolítico del regreso del fujimorismo a Perú

Ociel Alí López

La llegada formal de Keiko Fujimori a la Presidencia de la República del Perú, que se concretará este martes, ocurrirá casi tres décadas después de la culminación del mandato de su padre, el fallecido expresidente Alberto Fujimori (1990-2000).

El hecho implica el retorno del fujimorismo al Ejecutivo nacional. Este regreso, que se podría denominar fujimorismo 2.0, está marcado por hitos de gran significación en la esfera política y social peruana, tanto durante los años de gobierno de Alberto Fujimori como en aquellos donde la participación parlamentaria de su hija fue un eje central de articulación para la destitución y/o elección de 9 presidentes en 10 años, muchas de ellas prescindiendo de elecciones o incluso desconociendo sus resultados.

Desde 1994, Keiko Fujimori irrumpió como primera dama de la República, luego de la separación entre sus padres.

Keiko buscó alcanzar la magistratura suprema en tres campañas presidenciales consecutivas (2011, 2016 y 2021) sin éxito. En la última ocasión, perdió por un estrecho margen ante el expresidente Pedro Castillo, a quien el Congreso destituyó en el lapso de un año, nombrando posteriormente a distintos presidentes interinos a lo largo de cuatro años. Desde 1994 irrumpió como primera dama de la República, luego de la separación entre sus padres.

La diferencia fundamental entre padre e hija radica en que el primero triunfó como un 'outsider' frente a los partidos y políticos tradicionales, mientras que ella es el resultado de cuatro décadas de política interna peruana. Sin embargo, llega con un plan, aliados e ideas que dan continuidad al legado de Alberto Fujimori bajo condiciones muy distintas, pero con una matriz conceptual similar: el conservadurismo social y el liberalismo económico.

Legado de Alberto Fujimori

Alberto Fujimori protagonizó una de las primeras experiencias populistas de derecha en la región durante los noventa, y su irrupción dividió en dos la historia política peruana.

Tras ganar la presidencia en 1990, ejecutó el 5 de abril de 1992 un autogolpe de Estado con el que disolvió el Congreso por la fuerza y reconfiguró la institucionalidad bajo una nueva Constitución (1993).

Prometió así imponer orden en una sociedad que en los años ochenta se vio convulsionada por el colapso económico —manifestado principalmente en una hiperinflación— y por la amenaza real de movimientos extremistas como Sendero Luminoso y el MRTA, que tomaron las armas para alcanzar el poder político.

Alberto triunfó como un 'outsider' frente a los partidos y políticos tradicionales, mientras que Keiko es el resultado de cuatro décadas de política interna peruana. 

En el caso de Keiko Fujimori, su trayectoria ha seguido una ruta distinta: llega a la Presidencia después de décadas siendo una figura central e 'insider' de la política peruana, desde su poder en el Congreso, el gran centro neurálgico del poder político en el Perú. La novedad radica en que, con el restablecimiento del Senado que ella misma promovió, este poder público hegemónico (Legislativo) llega potenciado. Su partido, Fuerza Popular, aunque cuenta con el mayor número de escaños en ambas cámaras, deberá enfrentarse, sin embargo, a la fragmentación de otras fuerzas políticas, en su mayoría de izquierda. Por lo pronto, su partido ha conseguido el cargo más cotizado: la Presidencia del Senado que va a estrenar Miguel Torres.

Semejanzas y diferencias

La principal diferencia de la situación política de ambos momentos radica en el surgimiento de sus gobiernos. En 1990, Fujimori derrotó a Mario Vargas Llosa con el 62,32 % de los votos, convirtiéndose en un coloso electoral. En cambio, la pequeña Fujimori ha tenido que morder el polvo de la derrota tres veces consecutivas antes de ganar en una cuarta contienda, marcada por una alta fragmentación política y la victoria pírrica.

El padre derrotó a la subversión capturando a sus líderes históricos, entre ellos Néstor Cerpa y Abimael Guzmán. La hija ha construido su carrera política criminalizando a sus oponentes y estableciendo alianzas pragmáticas y temporales con diversos sectores. Muy probablemente continuará empleando este método ampliamente conocido en el Perú como terruqueo" para ir apartando a los adversarios que le impidan tomar el control total del Congreso. Este es el rasgo distintivo del fujimorismo 2.0: muy posiblemente no tenga la opción de disolver el Parlamento, pero sí la de ir engullendo a las minorías izquierdistas que hoy hacen mayoría en la cámara baja y que podrían llegar a controlar el Senado, porque actualmente hay un empate técnico entre derecha e izquierda.

Todo dependerá de la capacidad de Keiko para encabezar un gobierno potable y no polarizador; aunque ese no parece ser el estilo de una figura caracterizada por la mano dura.

Keiko ha construido su carrera política criminalizando a sus oponentes y estableciendo alianzas pragmáticas y temporales con diversos sectores. 

El Congreso como trinchera y la actuación en la oposición

El partido de Keiko, Fuerza Popular (FP), cuenta con 22 senadores de un total de 60, y 41 diputados de 130. Para alcanzar la mayoría requerirá sumar aliados, una tarea que puede resultar sencilla al inicio, pero que se tornará cada vez más compleja a medida que la flamante presidenta introduzca reformas estatales y económicas que difícilmente satisfagan a la población. Esto acrecentará el malestar en un país de por sí dividido y agrietado, que acumula años de intensas protestas.

Por su parte, agrupaciones como Juntos por el Perú, Partido del Buen Gobierno, Partido Cívico Obras y Ahora Nación (ubicadas a la izquierda del espectro político) suman 30 de los 60 escaños en el Senado y 74 de los 130 en la Cámara de Diputados. A todas ellas las une exactamente lo mismo: la figura de Keiko Fujimori. Acercarse a ella permite llenarse de prebendas políticas pero con posteriores castigos electorales.

El control del Congreso supone en paralelo el control del Tribunal Constitucional, en un escenario judicial que marca una línea paralela entre ambas figuras: padre e hija han pasado por la cárcel en distintas etapas.

El padre fue condenado a 25 años de prisión en 2009 por violaciones a los derechos humanos (casos Barrios Altos y La Cantuta) y delitos de corrupción, cumpliendo su sentencia en el penal de Barbadillo hasta ser indultado en diciembre de 2023.

Por su parte, Keiko cumplió prisión preventiva en tres oportunidades entre 2018 y 2020 —sumando más de 13 meses en reclusión— en el marco de las investigaciones del caso Odebrecht y Lava Jato por presunto lavado de activos y organización criminal. Logró afrontar sus procesos en libertad tras recursos de habeas corpus acogidos por el alto tribunal quien revocó las órdenes de internamiento, indultó al padre antes de su muerte, y ha judicializado a actores de oposición.

Impacto geopolítico

Más allá del ámbito judicial, existe un factor determinante que marcará su gestión de gobierno: el plano geopolítico. Perú alberga la mayor inversión de infraestructura de China en América Latina: el megapuerto de Chancay, punto clave para la conexión comercial directa entre Asia y Suramérica.

Mientras que Alberto Fujimori logró consolidar una alianza estrecha con Estados Unidos y Japón (en un momento de auge de este último), favorecido también por su ascendencia familiar, Keiko hereda un panorama distinto. Ahora se verá presionada a definir su postura frente al megapuerto chino, teniendo como antecedente la forma en que Panamá ha gestionado la presencia de empresas chinas en torno al canal. Considerando que China es el principal socio comercial del Perú, cualquier fricción diplomática o comercial podría acarrear consecuencias financieras incalculables.

La relación con el capital chino, que ya ocupó un lugar protagónico en la campaña, seguirá siendo un punto neurálgico a medida que se defina el nivel de alianza que traerá la nueva presidenta con Washington.